Mercado intradiario eléctrico: claves de las 96 rondas

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La contratación de electricidad para empresas no depende únicamente del precio que se negocia con la comercializadora. También influyen la forma en que se programa la energía, la diferencia entre el consumo previsto y el real, y la capacidad de adaptar la demanda cuando cambian las condiciones del sistema eléctrico.

En este contexto, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha aprobado la modificación de las Reglas del Mercado y de los procedimientos de operación eléctricos para avanzar hacia 96 rondas en el mercado intradiario continuo. La decisión, anunciada el 31 de agosto de 2026 por la CNMC, aumenta la granularidad temporal con la que pueden realizarse ajustes dentro del día.

Aunque se trata de una modificación técnica del funcionamiento del mercado, sus implicaciones alcanzan a comercializadoras, representantes, grandes consumidores y, de forma indirecta, a cualquier empresa con una contratación eléctrica sensible al mercado. La oportunidad no consiste simplemente en disponer de más rondas, sino en utilizar mejor los datos de consumo y la flexibilidad disponible.

Qué cambia en el mercado intradiario eléctrico

El mercado diario establece una primera programación de la electricidad que se producirá y consumirá durante la jornada siguiente. Sin embargo, las previsiones nunca coinciden por completo con la realidad. Pueden cambiar la actividad industrial, la meteorología, la generación renovable, una instalación productiva o las necesidades de climatización de un edificio.

El mercado intradiario permite corregir esas posiciones a medida que se acerca el momento de entrega. El paso a 96 rondas introduce una organización temporal más detallada, asociada a los cuartos de hora del día, y amplía las posibilidades de reajustar las posiciones con mayor proximidad al consumo efectivo.

Esta evolución tiene especial relevancia en un sistema con una presencia creciente de generación renovable y con perfiles de consumo cada vez más variables. Cuanto más precisa sea la programación, menor será la diferencia entre la energía prevista y la finalmente demandada o generada.

La aprobación regulatoria no implica, por sí sola, que todas las empresas accedan directamente al mercado o que sus facturas vayan a reducirse de forma automática. El efecto dependerá de varios elementos:

  • La modalidad de contratación eléctrica.
  • La forma en que la comercializadora traslada los costes y ajustes.
  • La calidad de las previsiones de consumo.
  • La capacidad de modificar cargas durante la jornada.
  • La disponibilidad de medición y gestión energética con suficiente detalle.

Cómo puede afectar a los contratos eléctricos de las empresas

Las empresas con contratos a precio fijo pueden percibir el cambio de una manera limitada durante la vigencia contractual. No obstante, la capacidad de programación y el riesgo de desvíos forman parte de los costes que una comercializadora considera al construir una oferta. Una mayor precisión operativa podría influir en futuras cotizaciones, aunque no debe darse por hecho que ese efecto se trasladará íntegramente al cliente.

En los contratos indexados, la relación con el mercado es más directa. Aun así, conviene distinguir entre el precio mayorista de la energía y otros conceptos incluidos en la fórmula contractual. La factura puede incorporar costes de gestión, representación, financiación, garantías, desvíos u otros componentes definidos en el contrato. El hecho de que existan más oportunidades de ajuste no elimina estos conceptos ni garantiza que sean calculados de la misma manera por todas las comercializadoras.

Las empresas deberían revisar especialmente:

  • La fórmula de precio y las referencias de mercado utilizadas.
  • El tratamiento de los desvíos, comprobando si se repercuten individualmente, mediante un perfil agregado o dentro de una prima fija.
  • La granularidad de los datos empleados para liquidar o informar el consumo.
  • Las obligaciones de previsión asumidas por el cliente y las penalizaciones asociadas.
  • La transparencia documental sobre ajustes, servicios y márgenes añadidos al precio de la energía.

Estos puntos son especialmente importantes para industrias con procesos discontinuos, cámaras frigoríficas, bombeos, hornos, instalaciones de climatización intensiva, centros logísticos o grandes edificios terciarios. Sus perfiles pueden variar de forma significativa dentro de una misma hora, por lo que un análisis exclusivamente horario puede ocultar oportunidades y riesgos.

Datos y flexibilidad para aprovechar la mayor granularidad

La adaptación al nuevo marco no debería empezar por el mercado, sino por el conocimiento del consumo. Una empresa necesita identificar cuándo consume, qué equipos explican cada pico y qué cargas pueden desplazarse sin perjudicar la producción, la calidad, la seguridad o el confort.

Disponer de curvas de carga horarias es útil, pero la mayor granularidad del mercado aumenta el valor de la información cuarto-horaria cuando esté disponible. Los datos deben relacionarse con turnos, órdenes de producción, ocupación, temperatura exterior, paradas y arranques de maquinaria. Sin ese contexto, una curva de consumo muestra lo ocurrido, pero no permite decidir cómo actuar.

También resulta conveniente separar dos conceptos. La eficiencia energética busca reducir la energía necesaria para prestar un servicio o fabricar un producto. La flexibilidad modifica el momento en que se consume. Una actuación puede combinar ambas, pero desplazar una carga a otro periodo no significa necesariamente consumir menos.

Entre las medidas que pueden analizarse se encuentran la programación de frío industrial, la gestión de bombeos, la precarga térmica, la recarga inteligente de vehículos, el uso coordinado del almacenamiento y la adaptación de procesos auxiliares. Su viabilidad debe calcularse caso por caso, incluyendo costes de operación, límites técnicos y posibles impactos sobre la actividad.

Recomendaciones de GCEnergy

  1. Revisar el contrato vigente. Identificar cómo se calcula el precio, qué componentes se trasladan y quién asume el riesgo derivado de las diferencias entre previsión y consumo.
  2. Solicitar información trazable. Las facturas o informes de liquidación deben permitir comprender los ajustes aplicados, especialmente en contratos indexados o con componentes variables.
  3. Analizar curvas de carga. Conviene estudiar periodos representativos y separar días laborables, fines de semana, campañas productivas y situaciones excepcionales.
  4. Inventariar cargas flexibles. Para cada equipo deben definirse potencia, duración, margen de desplazamiento, restricciones operativas y responsable de autorización.
  5. Comparar ofertas con el mismo criterio. No basta con contrastar una prima o un precio aparente. Hay que homogeneizar fórmulas, servicios, desvíos, garantías, permanencias y condiciones de revisión.
  6. Evitar automatizaciones sin control. Una respuesta rápida al mercado solo aporta valor si respeta las necesidades productivas y cuenta con límites, alertas y procedimientos de contingencia.
  7. Medir el resultado. Cualquier estrategia debe evaluarse frente a una referencia comparable para distinguir el ahorro real del efecto de cambios en producción, clima o precios.

La gestión cuarto-horaria como ventaja para el consumidor

El paso a 96 rondas refuerza una tendencia clara: la electricidad empresarial exige cada vez más precisión. Las previsiones generales y la revisión anual de tarifas resultan insuficientes para organizaciones con consumos relevantes o variables.

Para el consumidor empresarial, la prioridad inmediata es comprobar si su contrato permite beneficiarse de una mejor programación o si, por el contrario, soporta costes poco transparentes que no reflejan su perfil real. Después será necesario mejorar la medición, desarrollar previsiones y valorar qué consumos pueden gestionarse.

La mayor granularidad del mercado intradiario eléctrico abre posibilidades, pero también eleva el nivel de exigencia. Las empresas que conviertan sus datos en decisiones podrán negociar con más información, reducir incertidumbres y adaptar su estrategia de contratación a su funcionamiento real. Las que mantengan contratos y procesos sin revisar corren el riesgo de no capturar esas mejoras, aunque el mercado sea técnicamente más flexible.

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